El bosque viejo

Así eran el río Guadiana y su ribera cerca del Puente de Valbuena, el escenario de esta historia. Campo de Calatrava.

Con las primeras luces del verano, el río se despierta tras pasar la madrugada en un sueño de nutrias bajo las estrellas, de ginetas trepando a la luz de la luna, de corzos que siguen a su madre por las sendas de la espesura y de jabalíes que cruzan el agua como una sombra en la noche. Todavía a media luz, un martín pescador posado en una rama seca observa el río, con intenciones de desayunarse. Apunta a un pez con el pico y se zambulle tras él, asustando con el ruido a uno de los pajarillos que deambula por las zarzas a mi lado, a un diminuto chochín que exploraba adormilado las pequeñas cuevas de la orilla, como un troglodita en miniatura. Por esta costumbre se ganó su nombre científico, Troglodytes troglodytes. A otras aves de este bosque de ribera viejo les gustan más las ramas altas; en ellas contemplo las acrobacias de los herrerillos, de los carboneros, mitos…

Cuando el río se despierta empieza la música: el silbido aflautado de las oropéndolas, las improvisaciones líquidas y potentes del ruiseñor, la estrofa que delata al cetia, la canción áspera del carricero tordal entre sus carrizos… Pero entonces llega la sorpresa, una retahíla de llamadas, mitad piado, mitad lamento, saliendo de lo profundo del sotobosque, allá donde los humanos no podemos adentrarnos. Esos son los dominios del torcecuello, un extraño pariente de los pájaros carpinteros. Su nombre viene de lo que hace cuando se siente en peligro: retorcer el cuello, girarlo una y otra vez como si fuese una serpiente, lo cual puede espantar a su enemigo. Es lo más chocante de un ave parda, abigarrada y discreta, querenciosa aquí de los troncos caídos, de los rincones más ocultos del caos de ramas y hojas.

Allí quizá pueda verlo, desde lo alto, otro de los moradores del bosque viejo: el pico menor, un pájaro carpintero del tamaño de un gorrión. Cuesta mucho encontrarse con él, horas buscando la suerte con los prismáticos, pero si somos pacientes y persistimos podremos verlo trajinar por las ramas altas, golpeteando con el pico la corteza de los árboles muertos, en busca de insectos, mostrando su librea blanquinegra y frente roja. El pico menor es tan escaso en la provincia de Ciudad Real que, según el mapa de su distribución en mi guía de aves, ni si quiera vive en ella… Descubrirlo por estas riberas del Guadiana fue una sorpresa que en los últimos años se llevaron los observadores de aves. En los mapas de mi guía sí aparece indicada por la zona un ave bien distinta, todo un emblema de nuestra fauna: el águila imperial ibérica. Va alejándose poco a poco de la extinción inminente a la que estábamos conduciéndola. Pocos sabemos que esta joya de nuestra biodiversidad cría a pocos kilómetros de este rincón del Guadiana, en un nido hecho precisamente en un árbol viejo de la ribera.

El pico menor (Dryobates minor) es un pájaro carpintero diminuto, amenazado por la corta de árboles viejos en nuestras riberas y considerado «de interés especial» en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Ilustración de John Gould (1873).

Todo este espectáculo de la vida se estropeó bastante cuando la Confederación Hidrográfica del Guadiana decidió limpiar el río. Este tramo del cauce figura en sus mapas como de alto riesgo de inundación, así que emprendieron obras de lo que denominaron «mejora ecológica» y prevención de inundaciones. Fue durante enero de 2022, el mes en cuyo final empiezan a aparearse las águilas imperiales. De los muchos kilómetros de ribera donde iban a actuar, empezaron con el Puente de Valbuena. El resultado de las labores no fue simplemente la retirada de árboles y demás vegetación caída dentro del río o crecida en su lecho – lo cual, por otro lado, es una medida de eficacia dudosa contra las inundaciones, según expertos en dinámica fluvial (ver referencia al final). No, en esta ocasión cortaron más de un centenar de árboles autóctonos vivos, a decenas de metros de la orilla, y también arrasaron con el sotobosque, eliminando zarzales y arbustos. Quitaron también los troncos muertos, dejando sin refugio a saber a cuántos habitantes de este bosque viejo que dejó de serlo en un buen trecho de la ribera, precisamente donde solía encontrarme con el pico menor y el torcecuello. Y todo esto ocurrió a pesar de que el paraje está en un área protegida, en la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la cuenca media del Guadiana y laderas vertientes, cuyo plan de gestión impide destruir la vegetación natural y deteriorar el bosque de ribera.

Varios naturalistas recorrimos el destrozo pocos días después. En una explanada vimos una gran pila de troncos cortados, madera viva en su mayor parte. Uno de los leños tenía un refugio de murciélagos, un hueco amplio en la madera repleto de excrementos de estos animales que son tan poco apreciados como útiles por la cantidad de insectos que comen cada noche. Ya lejos de allí, vimos llegar un tractor con remolque, en el cual varios hombres cargaron toda esa leña. Ignoro si se llevaron el refugio de murciélagos, si lo manipularon o si al hacerlo entraron en contacto con algún virus de los que pueden tener estos mamíferos. Y pensé que tal vez las pandemias no sean sino una manera que tiene la naturaleza de intentar defenderse de nosotros, de nuestras contradicciones y de las «mejoras ecológicas» que le imponemos y que solo están en nuestra mente.

Referencias:
– Limpiar los cauces no parece ser una buena manera de prevenir inundaciones (y mucho menos cortar árboles por riberas protegidas): Ruiz-Villanueva, V. et al. 2015. Avances en el análisis del material leñoso en ríos: incorporación, transporte e influencia en el riesgo por inundaciones. Cuaternario y Geomorfología 29, 7-33.
– La Agencia Efe se hizo eco de lo sucedido en el paraje: Denuncian que la CHG deteriora bosques de ribera protegidos y ZEPA en Ciudad Real.
– El plan de gestión de la ZEPA afectada: https://www.castillalamancha.es/sites/default/files/documentos/paginas/archivos/es4220003_doc_2_firmado.pdf.

Aspecto de lo que fue un bosque de ribera protegido, uno de los rincones deteriorados tras las obras de la Confederación Hidrográfica del Guadiana en el Puente de Valbuena. Al fondo, cenizas de un fuego y tocones de árboles autóctonos vivos. El río queda a más de diez metros a la izquierda.