Cuento del carmín

Caía una tarde calurosa de principios de julio sobre aquella cantera abandonada del Campo de Calatrava, invadida por el monte y los pinos. Al ir bajando el sol, se alargaban las sombras, se refrescaba el aire y los conejos que vivían en los taludes se animaban a salir. No les molestaba mi presencia, porque andabaSigue leyendo «Cuento del carmín»