Bajo un cielo nublado de invierno, la brújula marca el este. En esa dirección hay un monte viejo de encinas, sus copas lavadas por la lluvia de ayer parecen tan nuevas como la hierba recién nacida sobre la que se elevan. No hay camino que vaya entre ellas. Ese es mi camino. Ya lo aprendióSigue leyendo «No hay camino»