La niebla helada

Apenas se ve nada más allá de diez pasos, salvo la silueta difusa de las encinas. Cuelgan de sus hojas pequeñísimos hilos de hielo, hechos al congelarse el rocío sobre cabos de seda tendidos por minúsculas arañas. No conviene alejarse del camino en estas condiciones. La niebla del invierno convierte un paraje conocido de antemanoSigue leyendo «La niebla helada»